• 25/11/2015

    Aragaza Barcelona & RRoverdose

    A veces, estás helado. Aunque sea agosto. Vulnerable en la intemperie de la calle. Aunque estés en casa. Pero. Entras en tu coche y la susceptibilidad se desvanece. Te sientes tan acogido como en la placenta de tu madre. Tu coche te comprende. Provocando el mismo efecto que cuando vuelvo a mi pueblo, cargado con mis irrelevantemente importantísimos problemas de ciudad, y mi amigo me dice: “No te rayes”. Esa frase puede con todo.

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